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Después de un estudio del DIPECHO se concluyó como los niños discapacitados corren un gran riesgo en la medida que son pocas las instituciones que trabajan con ellos. El Informe Mundial de Desastres del 2007 que presentó la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja afirmó como “la intervención de los gobiernos y las organizaciones de ayuda frente a cualquier emergencia sólo puede considerarse apropiada si llega a todas las personas necesitadas. Quienes son marginados por la sociedad, ya se trate de personas de edad, niños y mujeres, integrantes de grupos minoritarios o personas con discapacidad- pueden ser los más vulnerables en situaciones de crisis”. Así mismo, se evidenció como los organismos de ayuda al hacer evaluaciones omiten a las personas vulnerables y sus necesidades. “Uno de los principales factores de exclusión en muchas intervenciones humanitarias radica en la insuficiencia de datos: puesto que las personas con discapacidad no se “ven”, se presume que no están allí y, entonces, tampoco se les incluye” explica el informe. Es claro que la discriminación existe antes del desastre y se intensifica durante las emergencias, por consiguiente, las personas con discapacidad deben participar activamente en programas de prevención y atención de desastres y emergencias para lograr mitigar el riesgo.
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La necesidad de resaltar cómo las instituciones discriminan el trabajo con los discapacitados, llevó a la Cruz Roja a enfrentar este problema apostándole al proceso con varias instituciones que trabajan con ellos. La iniciativa en el Instituto de Nuestra Señora de la Sabiduría comenzó como un reto para la organización ya que ninguno de los instructores estaba capacitado para comunicarse a través de las señales para niños sordos. Sin embargo, el proceso cogió fuerza en la medida que los voluntarios aprendieron las palabras básicas y se les fueron enseñando los gestos para comunicarse mejor. “Aquí el discapacitado es uno; los que no logramos entenderlos somos nosotros. Ellos son personas muy comunicativas” dice Giovanny Orjuela, uno de los instructores de la localidad de Rafael Uribe Uribe que lidera los talleres con los jóvenes sordos. Por el otro lado Solanyi Pachón, instructora de la Cruz Roja, comenta: “fue un trabajo muy bonito porque en el proceso todos aprendimos”. Además, el colegio colaboró con varios intérpretes que también se capacitaron para acompañar el proceso con los instructores.
Durante el proceso, se escogieron los jóvenes que resaltaban en excelencia académica. Con este grupo, se trabajo fuertemente en generar mayor conciencia frente al peligro al que están expuestos constantemente. María Fernanda Monsalve, trabajadora social del Instituto, comenta, “lo bueno ha sido la apertura que tiene la Cruz Roja como institución ya que no es fácil trabajar con los niños por sus discapacidades. A los niños se les ha empoderado en prevención y ahora son orgullosos representantes de su colegio”.
El Instituto de Nuestra Señora de la Sabiduría no había tenido mayor acercamiento a la temática de prevención. Sólo, hace cuatro, se había intentado crear brigadas de emergencia que no perduraron. Hoy, después de las capacitaciones de la Cruz Roja, a través de los 36 estudiantes capacitados, se intentará llegar a los 400 estudiantes restantes. El colegio contaba con un sistema de alarmas sonoras y visuales, también estaba bien señalizado pero faltaba la preparación de sus estudiantes. No había una conciencia colectiva en gestión de riesgo y ahora, los jóvenes capacitados, por su propia iniciativa quieren enseñarle a sus compañeros lo aprendido en los talleres.
La clausura de los talleres se hizo con una emotiva ceremonia donde los jóvenes recibieron el Kit Infantil que contenía un maletín, una camiseta, material educativo y un diploma que los certificaba como capacitados en gestión de riesgo. El colegio se dotó con una camilla, megáfono, botiquín, inmovilizadores y otros elementos que hacen parte de los equipos básicos de respuesta y preparación.
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